Vacaciones de verano (Parte 2)

Publicado: 5 septiembre, 2017 en Noruega 4.0
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(CONTINUACIÓN)

Después de que mis pies -tras casi ocho horas de viajes en varios autobuses y pausas a la intemperie, bajo la lluvia torrencial y el gélido aire de la mañana- se posaran en el duro cemento de la parada de autobuses de Nordfjordeid, la figura menuda e inconfundible de mi abulense predilecta se acercó a mi para recibirme con un afectuoso saludo de koala y esbozando una mayúscula sonrisa. Isa llevaba un rato esperándome en el pueblo, acompañada de Jhanyra -enfermera de Accurate Care y compañera de promoción de aventuras noruegas- y su novio, Pau -guía de montaña que ha efectuado diversas expediciones, entre las más destacables, en Kirguistán durante dos meses, en Lenin Peak, Randles-Naya y Yuhen Peaky entre otras (ya lo veis, siempre me codeo con gente interesante con historias emocionantes que contar)-, ambos de Alcoy aunque ahora residentes en Noruega y que en su periodo de vacaciones, decidieron pasarse por Måløy y hacer una visita de algunos días a la abulense.Foto 3-9-17 18 38 16 (1)

Sin más dilación, tras comprar algunos víveres en el supermercado, nos pusimos en marcha con la furgoneta que los alcoyanos habían alquilado (y adaptado para poder dormir en ella) hasta Briksdalbreen, uno de los glaciares más grandes y majestuosos, que a su vez, constituye uno de los siete brazos del gran glaciar de Jostedal, detalle que ya describí en el post de mi primera visita a Måløy. Mientras yo dormía en la parte de atrás del vehículo -llevaba sin dormir casi veinticuatro horas seguidas-, mis tres compañeros de viaje escuchaban música y tiraban de cancionero pop y rock españoles a viva voz (no sé si con la intención de mantener despierto a Pau mientras conducía o para despertarme a mi, aunque afortunadamente había un cristal que separaba ambas partes del vehículo y apenas oía la radio). Una hora y media más tarde, llegamos, a través de la serpenteante carretera de Olden, hasta el aparcamiento junto al inicio del camino que lleva al portentoso glaciar.

Antes de iniciar la ruta hasta el azul hielo milenario, montamos un pequeño campamento para comer algo, esperando a que la lluvia, que llevaba acompañándonos durante todo el camino, amainara un poco. Preparamos un caldo de pollo y spaguettis liofilizados, calentados con los fogones de los que disponíamos y después de un humeante café, nos pusimos en marcha por la rampa de inicio al sendero.

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Es curioso como ciertas costumbres o acciones por gages del oficio se notan y se aprecian a simple vista en las personas; uno puede viajar en autobús o metro y adivinar que la persona que tiene al lado es enfermera porque uno se la encuentra observando detenidamente el brazo de éste, con el que sujeta una de las barras del transporte, atisbando los vasos sanguíneos que se dibujan en la extremidad, incluso uno puede llegar a escuchar como esa persona murmura entre dientes “yo ahí te pondría una del catorce”. En el caso de Pau, la idiosincrasia de ser guía de montaña y amante de la escalada lo hacía detenerse cada cinco minutos en cualquier recodo del camino (y básicamente en cualquier lugar donde se podían apreciar paredes y crestas elevadas), observando la roca, asintiendo con la cabeza pensativo y sonriente y murmurando “pues esa pared es perfecta para subir por ahí”. Era divertido observarlo y percibir que estaba realmente disfrutando con los lares que visitaba.

Finalmente llegamos a las faldas del glaciar, tras detenernos repetidas veces para tomar fotografías de grupo, imágenes congeladas en el tiempo, disfrutando del trayecto y aún más de la compañía.

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Con las fotografías de rigor y oda al postureo más que suficientes, iniciamos nuestra andada de regreso al aparcamiento y proseguimos nuestro camino hasta Innvik, donde nos esperaba Aza (mencionada en el post “Casualidades en Vestlandet“) para participar todos juntos de una barbacoa y ya puestos, pernoctar allí.

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Al día siguiente, nos despedimos de Aza y reanudamos el camino, esta vez tomando la carretera que llevaba a Grotli -rodeada de inhóspitas y nevadas montañas-, por donde se accede al Trollstigen (lugar que no pude ver en mi anterior visita debido a la espesa niebla que imposibilitaba ver mas allá de tres metros de nuestras narices), pero antes, nos detuvimos, durante unos instantes, en uno de los miradores repletos de turistas que amontonaban piedras en forma de hito (como muestra de buena fortuna en el camino) y como no, nosotros hicimos lo mismo.

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Proseguimos hasta dar con el Dalsnibba, un mirador situado a mil quinientos metros por encima del nivel del mar, donde se observa desde lo alto, una excepcional panorámica del Trollstigen y el fiordo de Geiranger. Disparamos sin piedad con la cámara y los teléfonos móviles, el paisaje y a nosotros en él (a pesar de la afluencia constante y rebosante de turistas, ávidos por inmortalizar el lugar y ese momento, como nosotros).

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Descendimos de las alturas a través del Trollstigen hasta detenernos en otro mirador algo más abajo, donde pudimos deleitarnos con una lujosa comida campestre (por lujosa, no pretendo decir que la calidad de la comida fuera sublime, sino que el hecho de comer en aquel lugar con tan increíble paisaje puede considerarse un lujo al alcance de muy pocos) y apreciar desde lo alto de éste, el conocido fiordo, con titánicos transatlánticos amarrados en el puerto.

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Como disponíamos del tiempo justo, pues Isa debía regresar a Måløy para asistir a una pequeña fiesta en la residencia donde trabajaba, decidimos ir hasta el mismo Geiranger para tomar uno de los mejores cafés en una cafetería (ya visitada en nuestra anterior excursión) a las orillas del puerto y proseguir el camino hasta la isla, donde hicimos una pequeña parada en la playa de Refvik, en Raudeberg. Un poco después del ocaso, cuando la temperatura empezó a disminuir paulatinamente, regresamos a Måløy, dejando a Isa en Kulatoppen Omsorgssenter y proseguimos hasta llegar a casa de ésta, donde Pau y Jhanyra pudieron hacer su equipaje y descansar un tiempo para luego despedirse de nosotros y proseguir su viaje ya entrada la noche.

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Mi abulense predilecta regresó unas horas más tarde, con los ojos algo empañados y enormemente emocionada, debido a que la fiesta en realidad era una celebración de despedida para ella (en breve terminaba su contrato ahí y se mudaría a Brattvåg, un pequeño pueblo a cuarenta minutos de Ålesund) y todos sus compañeros se presentaron para sorprenderla y hacerle un pequeño pero bonito homenaje, agradeciéndole la labor realizada.

No hay mayor satisfacción que la de hacer un buen trabajo a dondequiera que uno va y notar que, no solo se agradece el trabajo prestado sino también, la calidad humana que uno derrocha con las personas. Así es Isa ;-).

Los días posteriores transcurrieron algo lentos, puesto que Isa trabajaba algunos días, tanto por la mañana como por la tarde, por lo que utilicé los días que laboraba para escribir en el blog y los días que ella libraba, los aprovechamos para visitar los siguientes lugares por los lares de Vågsøy (NOTA: algunos lugares descritos a continuación ya fueron descritos con mayor detalle en el post de “Casualidades en Vestlandet” y por ello, solo doy una pincelada del lugar, a modo de mención):

– Cenar al más puro estilo campestre y pasar la noche en la playa de Refviksanden con la tienda de campaña, disfrutando de la puesta de sol y el amanecer, al día siguiente, al borde de la playa más bonita de Noruega.

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– Ruta al Tusentrinntrappa, que consistía en subir una escalera de húmeda madera de exactamente mil escalones hasta arriba (de ahí el nombre que recibe la ruta) de una de las montañas de Selje, una población situada justamente entre la frontera de Sogn og Fjordane y Møre og Romsdal. Al final de la escalinata, el sendero seguía a través de rocas, bosque y barro hasta llegar al Gorgehornet, donde uno puede ser testigo de las majestuosas vistas que habitan en aquel lugar. Simplemente espectacular.

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– Con motivo del famoso eclipse solar que tendría lugar el día 21 de agosto, subimos hasta la cima del Tranberget, en Kvalheim, donde pretendíamos fotografiar y presenciar tan raro evento. Según la información disponible en Internet facilitada por la NASA, desde la región donde estábamos ubicados podríamos presenciar un eclipse solar parcial debido a la inclinación terrestre, por lo que decidimos ir allí, atraídos por tan significativo espectáculo, pero una vez coronada la cima, comprobamos que no hubo manera de divisar ningún eclipse, por lo que hicimos algunas fotografías que atestiguaban nuestra presencia en la cima y luego regresamos a casa.

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– Visita al Mehuken Vindkraktparken (El parque eólico de Mehuken, Kvalheim), uno de los parques eólicos más grandes de Noruega -por no decir que en 2001 era el más grande construido), junto al acantilado donde se podía ver, desde lo más alto, el faro de Kråkenes Fyr. Descendimos hasta el propio faro con el coche para poder presenciar, cerca de éste, una de las puestas de sol más bellas de las que yo jamás haya sido testigo, con el mar frente a nosotros y al horizonte, un sol teñido de rojo como la sangre, despidiéndose del viejo día.

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– Visita de nuevo al faro de Kråkenes Fyr para presenciar (y esta vez con algo más de tiempo) otro nuevo atardecer, aunque esta vez no fue tan espectacular como el del día anterior, pero cualquier excusa es buena para compartir en buena compañía una puesta de sol frente a una playa espectacular y un buen café soluble humeante.

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Finalmente, el último día de trabajo en Kulatoppen Omsorgssenter de Isa llegó y fui a buscarla, con las mochilas preparadas, rumbo a una aventura mayor y emocionante, pero como se suele decir, queridos amigos míos, eso es otra historia…..

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(CONTINUARÁ…)

 

 

 

comentarios
  1. […] Vacaciones de verano… en Casualidades en Vestlandet […]

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