Excursiones reveladoras: El Trolltunga & el Kjerag (Parte 2)

Publicado: 21 julio, 2016 en Noruega 4.0
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Día 2 de Julio: Día 2 del Viaje Revelador

¡BIP BIP BIP! El despertador sonó de forma estridente a las seis de la mañana y nos levantamos enérgicamente de la mullida cama. El paracetamol que nos tomamos JL y yo hizo efecto a las mil maravillas y ya no notábamos ningún dolor muscular, quizás un ligero rastro de cansancio fruto del trajín del día anterior pero eso, amigos míos, no nos desalentó a movernos con una sonrisa perenne en nuestros labios.P1010441

Nos dirigimos al comedor del hotel donde había ya servido el desayuno; debo decir que aquí, en esta parte del mundo, se toman en serio la primera comida del día: No hay nada como despertarse y encontrarse una gran variedad de alimentos por la mañana y desayunar a cuerpo de rey para cargar pilas. Y es que lo íbamos a necesitar.

Tras el opulento desayuno, cargamos nuestro equipaje y nos pusimos en marcha, rumbo a nuestro destino: el Kjerag. Programamos el GPS para que nos llevara a la carretera FV500 de Lysebotn: No se porqué pero el navegador no localizaba la ubicación del Kjerag Restaurant, en Øygardstøl, así que introducimos una dirección cercana y una vez allí trataríamos de localizar el restaurante mediante los carteles indicadores. Craso error, aunque en ese momento aún lo ignorábamos.viaje 2

Salimos de Odda por la carretera 13, por donde vinimos el día anterior y mientras recorríamos la estrecha y serpenteante carretera, pudimos ser testigos de los magníficos paisajes de esta parte de noruega: A nuestra derecha, el lago Sandvevatnet y un poco más adelante, la impresionante cascada que había a nuestra izquierda en el puente de Låtefossen. Sin duda, un regalo para la vista y a la que no pudimos resistirnos detenernos unos instantes para contemplarla detenidamente y tomar algunas fotografías. En seguida nos pusimos en marcha y cuando llevábamos un trecho, el navegador pareció enloquecer y nos llevó por un estrechísimo camino sin asfaltar que tenia el paso barrado. Nada, maniobra para cambiar sentido y a seguir.

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El lago Sandvevatnet. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

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Las cascadas de Låtefossen. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Indicamos en el GPS la opción de cambio de ruta y hizo conducir por la carretera E134, más amplia, siguiendo disfrutando de las vistas y los paisajes de Hordaland y Rogaland. Pasábamos túneles y puentes que salvaban las distancias entre montañas y fiordos y de repente, llegamos a la estación de un ferry que parecía no llevar a ninguna parte: Un pilón de hormigón barraba el camino del puente y con letras escritas con pintura acrílica se podía leer: “Ferry Stengt” (Ferry Cerrado). Por suerte había un matrimonio holandés que nos indicó el camino correcto, así que, sin dilación, reiniciamos nuestro camino de nuevo. El tiempo apremiaba y estábamos perdiendo un tiempo valioso para hacer la excursión.

Condujimos hasta donde nos habían indicado el simpático matrimonio: El ferry de Nesvik-Hjelmeland de la carretera Rv-13. Ahora sí parecía que íbamos por buen camino. Mientras esperábamos a que el transbordador apareciera, gozábamos del buen tiempo y del esplendoroso sol que nos ofrecía aquel día este país, mientras tomábamos algo comprado en la tienda de ultramarinos del lugar.

Una vez habiendo llegado hasta la otra orilla seguimos conduciendo por carreteras llenas de ovejas que miraban de forma impasible nuestro vehículo, por puertos de montaña tortuosos y de curvas cerradas en medio de bosques tan tupidos que apenas nos dejaban apreciar el paisaje y casi sospechábamos que el navegador nos había vuelto a jugar una nueva mala pasada. Y entonces fue cuando este nos indicó de nuevo el paso de otro ferry, el de Songesand-Lysebotn. Al llegar ahí, preguntamos al hombre encargado del ferry y de la tienda de recuerdos por el transbordador que nos debía llevar a Lysebotn y este, con una sonrisa en la cara y con un marcado acento a Stavangersk nos indicó que el próximo bote llegaba a las cinco menos diez. ¡Teníamos que esperar cuatro horas allí!. Le preguntamos por otra alternativa y este, nos indicó que el trayecto en coche que bordeaba el fiordo duraba ocho horas y que, la mejor opción era esperar al ferry, ya que una vez en la otra orilla, solo debíamos conducir veinte minutos. Callamos a regañadientes y no pudimos hacer más que esperar al condenado transbordador. Cuatro horas más tarde, contemplamos con gran entusiasmo la llegada del bote y nos subimos a él con el vehículo. Ahora si, rumbo a Øygardstøl.P1010459

Surcando el Lysefjord, contemplábamos la majestuosidad de este mientras el tiempo variable de Noruega hacía gala de su presencia; pasábamos del sol a la lluvia torrencial y ya nos imaginábamos la tremenda excursión hasta el Kjerag empapados hasta la médula. Entre lluvia, sol y de nuevo lluvia, atisbamos desde abajo nuestro destino final a una impresionante altura aunque este se mantenía tapado por la niebla. Más adelante, por el fiordo, podíamos ya ver la entrada de la orilla del Lysebotn con un espectacular arco iris la mar de idílico.

P1010467JL y yo nos sentíamos eufóricos de llegar al fin a la otra orilla y nos pusimos en marcha. Condujimos por otra carretera estrecha y un túnel angosto hasta llegar a Øygardstøl, donde se hallaba el Kjerag Restaurant y su aparcamiento (de pago): El lugar donde se inicia la excursión hasta el Kjeragbolten. Empezó de nuevo a llover de forma torrencial, así que nos cambiamos de ropa dentro del coche y nos pusimos en marcha siguiendo las indicaciones de los carteles y las T que señalaban el camino a seguir.

El trayecto medio habitual, unas dos horas y media ida y otras dos horas y media de vuelta (aunque nosotros la hicimos en mucho menos) transcurrió de forma muy irregular aunque continua y sin paradas de descanso: subidas empinadas por la roca granítica que gracias a dios, uno podía ayudarse a subir mediante unas cadenas que habían colocado allí a modo de pasamanos, escaleras de piedra y senderos también empedrados, maleza, más paso de rocas y un sendero a través de la nieve. Todo ello con la constante sensación de que íbamos absolutamente solos y eso significaba una cosa: Todo el mundo ya estaba o ya había regresado y nosotros íbamos a llegar a la roca sin nadie a nuestro alrededor (O simplemente, nos habíamos perdido). Lluvia y pequeños descansos nos acompañaron durante todo el trayecto hasta llegar al Kjeragbolten.

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El Kjeragbolten. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Simplemente increíble: Jamás había experimentado tal sensación tangible de vértigo y a la vez, pequeñez y serenidad con cualquier lugar que haya visitado, que posando mis pies en aquella minúscula roca. No podía parar de sonreir entre nervios y tembleque de piernas hacia JL mientras este tomaba las fotos de rigor. Ahora si puedo decir una cosa:

¡Lola!. ¡Don Caguetín se ha redimido!

Luego le tocó el turno al malagueño. De él solo puedo decir que no tiene mucho miedo a las alturas y se dedico a posar con aspavientos, sonrisas inconmensurables y felicidad desbordante. Salió de la piedra unos instantes para luego reaparecer y volver a subirse a la roca completamente desnudo (bueno, a excepción de las botas) y seguir posando…. jajajajajaja… ¡este JL es la ostia!

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Al igual que en el Trolltunga, uno debe de estar allí para sentir y ver lo que nosotros vimos, porque ninguna fotografía le hará justicia. Aun así, aquí os dejo algunas para que las podáis ver:

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Al comprobar que se estaba haciendo tarde y el sol languidecía en un ocaso lento y paulatino, nos pusimos en marcha para nuestro regreso hasta llegar de nuevo al aparcamiento justo a tiempo, en oscura nocturnidad. No esperamos mucho para ponernos en marcha: GPS dirección a Stavanger y en marcha. Aquí os dejo el vídeo de nuestra excursión:

Se que esta no va ser la última excursión que JL y yo vayamos a realizar, de hecho, ya tenemos planeado ir dentro de unos días al Galdhøpiggen, la montaña más alta de Noruega. Pero algo si puedo decir: ¡Qué grande es compartir experiencias con los amigos y vivir estos efímeros momentos con alguien a tu lado y hacer que dichos momentos duren mientras la memoria perdure!. No puedo despedirme hoy aquí sin antes citar al desaparecido Christopher Johnson McCandless, cuyo espíritu aventurero me inspira:

“La felicidad solo es real cuando se comparte”

comentarios
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