Leña, humo y silencio (Tercera y última parte)

Publicado: 18 junio, 2018 en Noruega 4.0
Etiquetas:, , , , , , , ,

Foto 28-3-18 7 02 21

Dos fechas, dos momentos distintos, la misma pero diferente historia.

Marzo de 2018, Elverum

Como gran aventurero (y culo inquieto) que soy, alentado por las narraciones de Jack London, la expedición perdida de Franklin o la historia de Christopher J. McCandless y la adaptación de ésta a la gran pantalla bajo el título “Hacia rutas salvajes“, siempre me he visto seducido bajo el influjo e impulso de redescubrir mi lado salvaje, solo o en compañía, envuelto en ese silencio y serenidad que proporciona la Madre Naturaleza.

Foto 18-5-18 10 44 34Ese influjo me llamó un día a hacer mi mochila -mi querida compañera de viaje llamada Wanderlust- y me puse en marcha, en solitario, aprovechando que tenia unos días libres en el trabajo, para visitar el Flotsberget, una de las montañas más altas que posee el condado de Hedmark (solo superada por las montañas de Trysil), situada en la parte norte de Finnskogen, justamente al este de Heradsbyda. En su cima se halla estoica, una cabaña (propiedad del DNT) construida en 1898 y restaurada hace ocho años, rodeada por un “fantástico e increíble paisaje”, según las palabras de aquellos que se aventuraron por aquellos lares.

Metí en mi mochila lo imprescindible (o lo que yo creo imprescindible vaya, tampoco soy Cody Lundin): saco de dormir que permita retener calor bajo temperaturas realmente bajas durante la noche, esterilla, manta, comida liofilizada para dos días (que por cierto, y sin que parezca que estoy haciendo promoción, puesto que no percibo dinero alguno, la marca REAL TURMAT es brutal), Depósito de agua con capacidad de tres litros y tubo envuelto en neopreno para travesías de invierno, quemador y bombona de gas, linterna frontal, muda de ropa interior y camiseta térmica para dos días, cargador solar para móvil (¡importante disponer de medios para comunicarse en caso de emergencia!), café soluble, mi taza de madera junto con cubiertos para comer, crampones, diez metros de cuerda paracord, botiquín de emergencia, libro electrónico para leer durante las horas muertas y como no, cuchillo de monte y hacha: si amigos, estando rodeado de bosque, en medio de lo salvaje, con su consiguiente flora y fauna, es de buen juicio poseer ambos objetos por si hubiera necesidad de cortar cuerda o defenderse de algún animal autóctono, como también disponer de la opción de cortar algunos troncos para encender un buen fuego que otorgue seguridad entre las tinieblas de la noche.

Ataviado como si fuera a invadir Polonia, me puse en marcha para la jornada dura de ese día, pues me esperaban cuatro horas a pie desde Elverum hasta el Flotsberget según Google Maps, aunque finalmente opté por tomar el autobús número 500 con recorrido Flisa-Kongsvinger para apearme en Jømna y luego seguir a pie; de esta manera recortaba distancia y me permitía llegar hasta el Flotsberget en dos horas y media.

flotsberget

Me apeé del autobús en la pequeña urbanización de Jømna, no sin antes percibir las sorprendidas y curiosas miradas de los allí presentes, observando a un individuo barbudo que parecía ir hasta el Himalaya e inicié mi camino por la carretera, completamente helada y resbaladiza, atravesando campos de cultivo, hasta llegar a un sendero con peaje para vehículos que indicaba con un cartel la dirección correcta (todo aquel que me conoce, sabe que mis ganas de aventura son indirectamente proporcionales a mi sentido de la orientación…. ¡yo me pierdo hasta en mi casa!).

Foto 28-3-18 8 40 33

Habiendo dejado atrás aquel camino, el paisaje se tornó paulatinamente boscoso y el ruido de los coches al pasar por la carretera, iban alejándose como el eco, hasta dar paso a un silencio absoluto, solo interrumpido por el trinar de los pájaros y las hojas mecidas por la brisa: Solo yo, el crepitar del hielo bajo mis pies y el “flis-flis”, fruto de la fricción producida por la manta colgada contra la mochila con cada paso que daba.

Al final de éste me tope con una bifurcación -que bautizaré de forma original, PARADA 1 😉 – en la que el camino de la izquierda indicaba hacia “Borgåsen” y “Revelberget” y el la derecha, hacia Søråsrunden: Fuera el camino que fuera, ninguno de aquellos me señalaba el sendero hacia el Flotsberget por lo que decidí que, al no contar con suficiente batería en el teléfono móvil, descansar y mientras recargaba éste con el cargador solar, cocinar la comida con el fogón mientras dejaba que el sol de aquel día estupendo me calentara un poco.

Foto 27-3-18 16 28 34

Camino desde donde se llega a Parada 1

Foto 28-3-18 7 55 47

Parada 1

Después de cargar completamente el teléfono y con el estómago lleno tras una suculenta comida liofilizada y un buen café, reanudé mi camino, comprobando que el sol de las tres de la tarde iniciaba ya su trayectoria hacía el ocaso y disponía de pocas horas de luz, no podía perder más tiempo. Busqué en Google Maps la ubicación y éste me indicó el camino izquierdo, así que, confiando en las tecnologías, proseguí por el sendero señalado.

Anduve cerca de dos horas (contrariamente a lo que indicaba la aplicación), atravesando poblados de cabañas cubiertas por cantidades descomunales de nieve, senderos abiertos por vehículos de gran tamaño y pisadas; huellas de perro, de caballo, de alce…. y de lobo (no soy un experto en la materia, pero presumo que, cuando uno se topa con diversas huellas de cánido de un tamaño gigantesco, denotan la presencia de una manada por aquellos lares…. a menos que me encontrara en Invernalia, excepto por Caminantes Blancos o Wargos, hubiera jurado que pertenecían a una manada de lobos). Con el ocaso cerniéndose sobre mi y las señales inequívocas de la presencia de animales salvajes cerca, aceleré mi paso para cobijarme cuanto antes en la cabaña.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Finalmente Google Maps me indicaba que estaba bastante cerca; solo debía atravesar un camino vallado para llegar a la meta, que se encontraba a cien metros de mi ubicación, pero fue un verdadero suplicio atravesar dicho sendero: el exceso de peso fruto de la mochila junto al mio propio y la nieve acumulada durante semanas de tormenta hicieron que tuviera que avanzar lentamente, ya que ésta me llegaba hasta la cintura, es por ello que tuve que progresar arrastrándome por el blanco suelo para no hundirme.

Setenta, sesenta, cincuenta metros…. avanzaba torpemente hacía la cabaña y sin embargo, no lograba vislumbrarla a pesar del avance….. treinta metros, veinte, diez…. nada, seguía sin verla. Finalmente, llegué a la zona y ahí me encontraba amigos míos, enfrente la cabaña en teoría y sin embargo, sin lograr ver ni un ápice de construcción alguna…. hasta que me puse de pie y noté algo duro debajo: Ahí descubrí como la cabaña se hallaba sepultada bajo mis pies y en realidad, estaba andando por el tejado de ésta. Ahora podéis ser testigos, mediante mis palabras, de lo crudo que fue este invierno en Noruega; “el más crudo desde hace diez años” dirán algunos noruegos…. y puedo atestiguarlo.

Ofuscado por la situación, agotado tras el avance por la nieve, contemplando como cada vez se hacía más y más oscuro y viendo que no disponía de apenas tiempo para llegar a la civilización antes de que oscureciera, deshice el camino realizado hasta comprobar que no disponía tampoco de batería en el móvil (el uso de la aplicación de mapa junto con las temperaturas bajas, que caían con el tiempo aún mas en picado, aceleraron la descarga de ésta): me encontraba aislado sin posibilidad de comunicarme, sin lugar donde refugiarme y a unas horas de estar a oscuras sin civilización alguna a varios kilómetros a la redonda…. ¡Quién me mandaba a mi jugármela de esta forma!

Sin perder tiempo en autocompadecimientos, anduve por el mismo camino de vuelta hasta toparme con una vieja cabaña que parecía estar inhabitada desde hacía tiempo, junto a un cobertizo. Aunque la cabaña estaba cerrada con candado, la buena fortuna me indicó que la puerta del cobertizo estaba medio abierta, bloqueada por kilos y kilos de nieve que buenamente tuve que retirar para acceder al interior y ahí me establecí para pernoctar. Preparé mi lecho y la comida mientras la noche se cernía sobre aquel lugar.

Con aquel valle completamente a oscuras, la atmósfera de aquel lugar adquiría un tinte tenebroso: Mi propia respiración y el sonido del fogón calentando el agua para la comida eran los únicos sonidos que se percibían en aquel momento, con temperaturas invernales descendiendo hasta los quince grados bajo cero que congelaban hasta el depósito de agua de mi mochila.

Foto 28-3-18 6 16 50

La cabaña abandonada a la izquierda y el cobertizo a la derecha. Foto: Bruno Aldrufeu Quiñonero

Con la linterna frontal completamente apagada (si, también se agotó su batería… fallo mio por no comprobar previamente si disponía de suficiente), y con el estomago lleno después de cenar, me desvestí para introducirme en el saco de dormir, acolchado con la manta y la funda vivac, con la grimosa sensación de tener miles de alfileres helados clavándose en mi piel, hasta que las capas de ropa aislantes empezaron a regular la temperatura en el interior del saco. Leí un poco hasta que el cansancio hizo presa de mi y me dormí, aunque en ningún momento completamente, pues de vez en cuando me sobresaltaba algún ruido y me despertaba. Entre el más absoluto silencio y oscuridad era consciente de todo cuanto me rodeaba: Del ulular del búho no muy lejos de donde yo reposaba, de la manada de alces que pasaban rozando el cobertizo (tan cerca que podía verlos a través de las ranuras de los tablones que conformaban las paredes de la estructura), el sonido de sus pisadas e incluso, su respiración acelerada al trotar cerca de donde estaba este barcelonés que ahora narra la historia…. fue un momento sublime.

Viajando por el limbo entre la vigilia y el sueño, las horas pasaron velozmente hasta que a las seis de la mañana, con las primeras luces del nuevo amanecer, me incorporé para vestirme y ataviarme con unas botas completamente congeladas y rígidas que tuve que golpear cual pulpo antes de meterlo en la olla, para calzarmelas. Con un café recuperador y un desayuno de reyes (reyes del cobertizo, vaya), me puse en marcha, con la cara congelada y la barba llena de escarcha (es lo que tiene pasar la noche con la cara al exterior del saco, con mucho frío) y cansancio en el cuerpo, pero contento por la experiencia vivida.

Regresé por el camino contrario al andado, encontrándome a través de un bosque interminable, claros de arboledas taladas junto a casetas de cazador ocultas entre los abetos así como hielo y nieve por doquier durante horas, hasta llegar a la ya mencionada anteriormente PARADA 1 y posteriormente continuar con el camino de regreso hasta Elverum, hasta casa.

Foto 28-3-18 6 38 02

Lecciones aprendidas al respecto:

  1. ¡No ir solo! (La voz de mi amigo Toni martilleándome la cabeza, recordándome que las imprudencias se pagan caras en este tipo de eventos).
  2. Comprobar que todo aquello que se alimente de batería (linternas, móviles, etc.) esté completamente cargado previamente al inicio del viaje.
  3. No depender exclusivamente de Google Maps para orientarse y por extensión: Aprender/mejorar uso de instrumentos de orientación (brújula y mapa)
  4. NO IR SOLO, ¿lo había dicho ya?

 

Mayo de 2018

Aún con el gusanillo picándome en el interior por no haber conseguido mi objetivo, decidí de nuevo hacer una segunda intentona y volví a empacar mi Wanderlust para volver hacia el Flotsberget. A pesar de omitir lo aprendido lineas arriba, corrí el riesgo de aventurarme de nuevo en solitario, aunque también es cierto que en esta ocasión, la nieve había desaparecido y gozaba de un estupendo e inusual tiempo primaveral, con la vegetación que teñía de verde el paisaje y el deshielo en las montañas que hacía descender litros y litros de agua por sus riachuelos y cascadas. Al llegar por el camino previo a la Parada 1, me topé con un hombre que iba en motocicleta y movido por la curiosidad se detuvo y me preguntó:

  • Así que vas al Flotsberget? Muy bien, es una buena excursión, pero, ¿llevas cuchillo?-
  • Si, y hacha… ¿Por qué?-
  • Porqué algunas personas que iban al Flotsberget se han topado con osos y oseznos. Normalmente los osos son reacios a encontrarse con humanos pero cuando van con oseznos, son peligrosos porqué son muy protectores, así que, ten cuidado.-
  • Descuida, iré con cuidado, muchas gracias.-

Consciente del sobreaviso, procuré seguir mi camino haciendo el mayor ruido posible (los osos suelen atacar al verse sorprendidos, pero si éstos perciben desde cierta distancia a alguien caminar pesadamente, arrastrando los pies, cantando y aplaudiendo como un enajenado mental, están en alerta y procuran alejarse). Huellas de oso no me encontré pero si de alce.

Foto 19-5-18 12 08 36

Haciendo uso de la brújula y el mapa, opté esta vez por seguir el camino de la derecha de la Parada 1 y andar más de dos horas hasta llegar a otra bifurcación que indicaba el camino hacia Flotta y tras veinte minutos por aquel sendero, finalmente, el camino al Flotsberget a un kilómetro y medio de distancia.

Durante mi primera incursión hacia el Flotsberget, Google Maps me indicó, de forma errónea,  la ubicación de éste y me llevó hasta una cabaña sepultada bajo la nieve, pero desde luego no era LA cabaña.

Foto 18-5-18 16 28 14

Tras un buen trayecto de subida, llegué finalmente al Flotsberget, con la cabaña coronando majestuosamente la cima, junto a un mástil con la bandera noruega ondeando orgullosamente. De la cima de ésta y cuanto contiene en ella, prefiero que lo veáis en las fotografías, pues este post empieza a ser ya algo largo y éstas me ahorran unas lineas de añadido.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Antes de que Morfeo me cubriera con su manto y me metiera en mi saco de dormir, me dirigí a la mesa en el interior de la cabaña y garabateé en el libro de visitas la siguiente frase, ignorando el hecho de que algún que otro turista de los que se aventura por allí comprendiera o no mi idioma… flipadas que se me ocurren, inspiradas de “El Renacido“:

“Ardo en deseos de escapar, tal vez huir hacia aquel oscuro bosque donde solo encontraré vileza en la naturaleza más cruda y salvaje, en su esencia más pura. Ávido por ser simplemente un ente que solo posee lo que porta consigo mismo y con ello logra llegar un día más al próximo amanecer. Ser el hombre en la medida del hombre bajo el despiadado influjo del gélido viento en su ulular, la negra noche y el oso que acecha implacablemente. Que mis pensamientos, el olor a musgo y el sabor de la sangre y la carne cruda bajando por mi esófago sean mis únicas compañías. Tan absorto en la simpleza de la Naturaleza: ¡tan cruel y tan tosca al mismo tiempo!. Tan feliz en esa simpleza cuando creía serlo verdaderamente al poseerlo todo y no poseer nada”

BAQ, Pensamientos de un barcelonés, Vol. III

Foto 18-5-18 20 36 08

comentarios
  1. Iris dice:

    Absolutamente genial. Una redacción impecable. He vivido uno de mis sueños a través de tus palabras

    • bobtainer dice:

      Muchísimas gracias por tus palabras, Iris! Me alegra muchísimo que mi modesto espacio y hacer algo que me gusta tanto, que es escribir, te haya gustado. Personas como tu me alentan a seguir haciendolo. ¡Muchas gracias!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s